Desde hace unas semanas quería escribir sobre dos realities que se emiten actualmente en la televisión española: El aprendiz y Curso del 63. Quien me conoce sabe que no soy muy seguidor de la televisión en general. Sólo veo algún programa suelto, algunos informativos y algunas series, y muchas veces todo eso lo veo en Internet, que a día de hoy es mi medio preferido (o al menos el más utilizado).
No haría falta que dijera que los realities no son mis programas preferidos. Ni siquiera son mis programas no preferidos. Cuando salieron, con el famoso Gran Hermano, sí los vi, pero tras diez años la fábrica de enseñatetas, vagos y gritones de platós de programas del corazón debería estar más que enterrada. Y nosotros conmemorándola hoy, día de los Fieles Difuntos. Mercedes Milá (que podrá ser muy buena pero no es mi referente periodístico, al igual que no lo es Javier Sardá) dice y defiende que se trata de un experimento sociológico. Debe tomarnos por tontos. Podría ser un estudio sociológico en su primera edición. Incluso en la segunda y en la tercera. Pero sólo tenemos que ver el casting de cada edición para darnos cuentas de que es simplemente morbo, puterío y otras lindezas similares. Justamente de Gran Hermano vi la primera edición y no la vi entera. Luego han aparecido otros como El Bus, Supervivientes (que fue con personas anónimas antes de hacerse con famosos) y otras barbaridades como un castillo donde estaban la bruja Lola y otros personajillos similares.
Han hecho falta unos diez años para que alguien se dé cuenta de que este tipo de programas puede ser más productivo que salir en Interviú. Es el caso, en mi opinión, de El aprendiz, de la Sexta, y de Curso del 63, de Antena 3. Hoy me voy a dedicar al primero, que es el que más me gusta y que, ya sea por el formato o por la cadena en la que se emite, no está teniendo tanto éxito como a mí me gustaría.
Para quien no lo haya visto, el programa consiste en un grupo de profesionales, bien preparados según su currículum (entre los 16 concursantes de inicio sumaban unos 16 másters y creo que nueve idiomas), que tienen que luchar por ser los mejores en distintas pruebas realizadas en grupo. Del grupo perdedor sale el despedido de la semana. Despedido por Luis Bassat, que ya les gustaría a muchos ser despedidos por él (señal de que han podido trabajar para él). Oí hablar de este hombre en segundo de carrera de Periodismo. Me leí su Libro rojo de la publicidad. No he seguido la trayectoria de este publicista o publicitario, pero me sigue pareciendo un referente en la profesión. No creo que cualquiera sea presidente de honor de Bassat Ogilvy. Ni siquiera que funde una de las empresas de publicidad más importantes del país.
Me gusta este programa tal vez por mi nueva etapa de estudiante de administración y dirección de empresas. Me gusta porque lo veo productivo, creo que se puede aprender de él. Las pruebas me parecen algo extrañas. Dudo que gente con esa preparación se tenga que vestir de payaso o vender aceitunas en un mercado. Y menos cobrando un sueldo de seis cifras, que es lo que obtendrá el ganador. Pero entiendo que es televisión y tienen que hacerlo divulgativo. Pero, por ejemplo, la prueba del capítulo de ayer consistía en crear un nuevo zumo desde la nada: el sabor, la marca, la producción, el diseño de packaging y la venta. Eso a mí me encanta. Supongo que el programa no tiene más éxito porque el proceso de creación de un producto para la mayoría es menos interesante que el edredoning.
Este programa sí que me parece un buen estudio sociológico porque, hasta el momento, muestra enfrentamientos, los dobles juegos, las dobles caras, la personalidad de cada uno, sus estrategias para llegar al final (sobre todo Noelia, aunque se la ve venir de lejos), cómo se buscan excusas y argumentos para que despidan al que cae mal. Todo sin esparcir mierda. Además en un formato ágil, de una hora de duración. Lo recomiendo.
Me quedan dos dudas con respecto a él. La primera es que las pruebas parecen fáciles. Supongo que habrá otros procesos que no se ven, pero también supongo que los candidatos están más que preparados para bordar esas sencillas tareas que les encomiendan. Al fin y al cabo se trata de vender aceitunas, zumos o cosas así. Imagino que están capacitados para hacer cosas más importantes. ¿O va a ser verdad que la preparación que pone en los papeles no se corresponde con la realidad? La segunda es que se ven los fallos de cada concursante. Y en ocasiones son fallos estrepitosos, como el cálculo de costes o la falta de previsión. ¿Esto no les pasará factura a la hora de buscar nuevos trabajos fuera del programa?
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